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glaciares y calentamiento global
 

 

EL DESHIELO EN EL ÁRTICO Y LA ANTÁRTIDA.

Las glaciaciones pleistocenas y el calentamiento global actual

Extracto de un documento del Profesor Adolfo Eraso (1) y la Profesora Carmen Domínguez (2), quienes desde hace varios años están monitoreando glaciares en el Artico y la Antártida.

 

Ver el trabajo completo:

 

EL REGISTRO DE CO2 EN LA HISTORIA RECIENTE DE LA TIERRA

Con el registro glaciar elaborado tras la extracción de testigos continuos de hielo en las perforaciones efectuadas, se observa que la concentración de CO2 en la atmósfera terrestre durante los pasados 800.000 años hasta el periodo cálido actual (hace unos dos siglos), ha oscilado desde 180 ppm (partes por millón en volumen) en los momentos más fríos, hasta 290 ppm en los momentos más cálidos.

Esta variación en el contenido en CO 2 de la atmósfera responde a causas naturales, cuyos mecanismos - antagónicos y por lo tanto reguladores- que las causan, son principalmente dos:

- la producción de CO 2 por las erupciones volcánicas que aumentan su contenido en la atmósfera

- la digestión de CO 2 atmosférico por la formación de arrecifes en los mares cálidos y poco profundos, que disminuyen su contenido

El CO 2 actúa como un gas de efecto invernadero. Cuanto mayor es su proporción en la atmósfera, la radiación térmica reflejada al espacio por la tierra -albedo- es tanto menor. Su efecto térmico se queda en la atmósfera, la cual en consecuencia, aumenta su temperatura.

Para ese aumento natural de CO 2, entre 180 y 290 ppm se corresponde un aumento de temperatura ambiente media anual de diez grados centígrados (10ºC) y viceversa.

 

EL HOMBRE Y EL CALENTAMIENTO GLOBAL

El calentamiento global por efecto invernadero generado por causas naturales que acabamos de describir, es válido hasta la mitad del siglo XIX, ya que desde entonces viene ocurriendo algo en nuestro planeta que está interfiriendo la evolución natural del clima.

A partir de entonces, la concentración de CO 2 en el aire ha venido aumentando de manera exagerada, gradual pero creciente de manera acelerada:

- en 1910 alcanzó la cifra de 300 ppm

- en 1950 rebasó las 310 ppm

- en 1975 ya estaba en 330 ppm

- en 2000 rozaba las 370 ppm

- y sigue aumentando

¿Qué ocurrió hace siglo y medio?, ¿qué ha seguido sucediendo desde entonces?

La respuesta a las dos preguntas anteriores la tiene el hombre como responsable. Desde el inicio de la era industrial, el consumo de carbón y otros combustibles fósiles como el petróleo, generan nuevas fuentes de producción de CO 2.

 

Carmen Domínguez y Adolfo Eraso observando un "moulin" en el glaciar Collins en las cercanías de la Base Artigas (Isla Rey Jorge) Marzo 2009 - foto wafo

 

CONSECUENCIAS MEDIOAMBIENTALES

El  aumento  general  de  la  temperatura  ambiente  provoca  un  aumento  inmediato  de  la  descarga  líquida glaciar.  Al  aumentar  la  descarga  glaciar  -hielo continental-  el  nivel  del  mar  asciende  por  llenado  del  mismo, pudiendo  llegar  -si  toda  la  masa  glaciar  se  fundiera-  hasta  una  cota  de  70  mts  más  elevada  que  la  actual.

Tenemos que señalar aquí que en episodios de máximo glaciar, cuando la masa helada continental ocupaba tres veces la extensión actual, el nivel del mar estaba 120-130 mts más bajo que en la actualidad.

Prosigamos. Al aumentar el nivel del mar, aumenta la superficie evaporante del mismo. Tanto el incremento de  la  evaporación  como  su  causa,  el  aumento  de  temperatura,  provocan  un  aumento  de  la  entalpía  en  la atmósfera. Esto significa sencillamente que el motor responsable de los eventos meteorológicos será cada vez más potente. Digamos que tendrá más caballos, según progrese el calentamiento global.

Al responder la atmósfera mediante procesos propios de un sistema de radiación-turbulencia, los eventos meteorológicos tendrán mayor violencia y mayor aleatoriedad, dificultando por tanto su predicción. Dibujemos el escenario:

- Habrá mayor frecuencia de olas de calor y de frío con carácter alternativo.

- En general, la precipitación aumentará al haber mayor cantidad de vapor de agua en la atmósfera, pero su distribución será más errática y torrencial. Lo cual dará lugar tanto a sequías como a episodios de lluvias de intensidad  elevada  (de  origen  convectivo  en  barreras  orográficas,  de  gotas  frías  y  así  como  la  aparición  de vórtices huracanados en el mar, cerca de nuestras costas). Su efecto general será más catastrófico.

- Al ser más elevada la temperatura, la evapotranspiración será bastante mayor, disminuyendo por este sólo concepto el recurso hidráulico.

-  La  escorrentía,  recurso  hidráulico  superficial  de  la  lluvia  útil,  será  menor.  Además  tendrá  el  problema añadido de que en los eventos torrenciales habrá mayor arrastre sólido en ríos y ramblas, lo que disminuirá -por aterramiento- la capacidad reguladora de los embalses (España tiene más de 1200).

- Con respecto a la recarga de los acuíferos por infiltración... esperemos que los eventos de lluvia torrencial sean suficientes para cubrir la recarga necesaria. Por ejemplo, las lluvias del invierno 1997-98 recargaron todos los acuíferos importantes españoles excepto las Tablas de Daimiel, cuyo acuífero estaba sometido a una gran sobreexplotación.

- La tasa de erosión en las cuencas fluviales aumentará, incrementando la desaparición de suelos. Como esto  disminuirá  el  tiempo  de  concentración  de  la  riada,  el  efecto  se  retroalimentará  aumentando  el  carácter catastrófico de las futuras riadas. No olvidemos que se necesitan décadas para reconstruir un suelo. Por tanto se incrementará la desertización.

- Los ecosistemas y biocenosis se desplazarán de su hábitat natural hacia latitudes y cotas más elevadas.

Esto implica tanto la desaparición de algunas especies alpinas y montañosas como la aparición de especies exóticas provenientes de latitudes más bajas, propias de climas tropicales. Pudiéndose entonces favorecer la aclimatación en nuestras latitudes de plagas anteriormente inexistentes e incluso la aparición de enfermedades nuevas.

-  Las  olas  de  calor  incrementarán  los  incendios  forestales;  provocarán  floraciones  más  tempranas  que estarán indefensas ante una eventual ola de frío, pudiendo comprometer las cosechas de nuestro agro.

El escenario así descrito, realmente inquietante, no es tan improbable como parece. Veamos algunos datos y tendencias en España:

- La temperatura media, en el periodo comprendido entre 1971 y 2000, ha ascendido 1,53ºC, siendo mayor en el interior  -más continental- 1,6ºC y menor en la costa, 1,4ºC.

- La precipitación invernal en el periodo comprendido entre 1947-1999 ha descendido un 10% en la totalidad de la superficie de España, siendo superior este descenso al 33,3% en las cuencas hidrográficas de la mitad sur española.

- En el observatorio de Navacerrada y en el periodo entre 1971 y 2000 también destacan algunas tendencias:

La precipitación ha disminuido un 27%

El número de días de nieve anuales ha disminuido un 40%

El número de días al año con temperatura máxima superior a 25ºC ha aumentado de 3 a 26.

- El ascenso del nivel del mar registrado en Alicante ha sido:

En la década 1981-1990: 1,34 mm/año

En la década 1991-2000: 3,87 mm/año

Con todo ello, conviene al menos preventivamente, concienciarnos de que el clima puede estar cambiando.

 

CONCLUSIONES Y RESULTADOS

 Hasta el momento con las series de datos generadas (en la totalidad de estaciones de Glackma) se observa el siguiente comportamiento:

  • Crecimiento exponencial de la descarga glaciar en todas las estaciones (las dos más lejanas entre sí están a más de 16.000 km de distancia, lo que confirma el carácter global de este proceso).

  • Cualquier  variación  en  la  temperatura  ambiente  conlleva  una  respuesta  inmediata  en  la  descarga glaciar. Su relación es directa.

  • A la misma latitud en ambos hemisferios, la descarga glaciar es de 3,5 a 4 veces mayor en el Ártico que en la Antártida.

  • La estación Ártica de Svalbard a 79ºN de latitud y la de la Antártida Insular a 62ºS de latitud, presentan prácticamente la misma cuantía en el valor de la descarga glaciar específica, es decir, hay que subir 17º de latitud en el Ártico, para encontrar valores semejantes a los antárticos.

  • En época de verano, la descarga glaciar en la Antártida se duplicó en 13 años, en el periodo de 1987 a 2000.

  • En  las  series  temporales  continuas  y  plurianuales  de  descarga  glaciar  en  la  Antártida,  ésta  se  ha duplicado entre los veranos de 2002/03 a 2005/06, y el número de días de duración de la onda de descarga también se duplicó en esos tres años (de 76 días en 2002/03 pasaron a ser 142 en 2005/06).

  • Cualquier  variación  en  la  temperatura  ambiente  conlleva  una  respuesta  inmediata  en  la  descarga glaciar. Su relación es directa.

  • A la misma latitud en ambos hemisferios, la descarga glaciar es de 3,5 a 4 veces mayor en el Ártico que en la Antártida.

  • La estación Ártica de Svalbard a 79ºN de latitud y la de la Antártida Insular a 62ºS de latitud, presentan prácticamente la misma cuantía en el valor de la descarga glaciar específica, es decir, hay que subir 17º de latitud en el Ártico, para encontrar valores semejantes a los antárticos.

Ver el trabajo completo:

 

(1) Académico  RANS  y  NYAS  (RANS:  Russian  Academy  of  Natural  Sciences;  NYAS:  New  York  Academy  of  Sciences), Fundación Gómez Pardo, ETSI Minas, UPM, C/ Alenza 1, 28003 Madrid

(2)  Profesora  Titular,  E.T.S.  Ingenieros  Industriales,  Avda.  Fernández  Ballesteros  2,  37700  Béjar,  Salamanca;  E-mail: karmenka@usal.es

 

 

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